Ayer domingo, 18 de diciembre, tuve la oportunidad de asistir y colaborar con la actividad de Santa va a las cárceles de la Fundación Dale la mano a tu par, un programa que en tres años se ha encargado de llevarle sonrisas esperanzadoras a los hijos de los privados de libertad en las navidades. El Centro Penitenciario de Tocorón fue el primer destino para dar comienzo a Santa va a las cárceles estas navidades. E indudablemente fue una experiencia increíble.
Santa va a las cárceles es un programa que comprende la entrega de regalos a los hijos de los privados de libertad el día que asisten para visitar a sus padres. Consiste en hacer vivir a los niños un día diferente, ofreciéndoles caramelos, animadoras, y haciendo todo lo posible para obtener de ellos y de sus padres una sonrisa aunque sea sólo por un momento.
Lo más bonito de esta actividad es que todo comienza por el donativo de distintas personas o empresas privadas que, año tras año guardan un pedacito de voluntad y entregan juguetes de todo tipo para ser regalados este día. Comento que es lo más bonito, porque es sumamente gratificante saber que un simple donativo (que no empobrece ni enriquece a nadie) hará feliz a un niño que precisamente la felicidad no es lo que alumbra su hogar.
Pero desde mi punto de vista lo más importante de esta actividad es el mensaje que lleva consigo la entrega de regalos en el penal, no solamente se busca la felicidad instantánea que implica la emoción del niño al recibir un regalo de las manos de Santa, sino la esperanza que se llevan sus madres al saber que alguien se preocupa por ellas y que sus familiares reclusos pueden salir a la calle a una Venezuela mejor de la que han palpado.
Para llevar este mensaje de esperanza y paz, se le entregó junto al regalo de cada niño, una carta firmada por “Dios” para que la leyeran junto a sus padres. El mensaje enviado por “Dios” es una invitación a la reflexión, a la vida llena de paz y de esperanza, no solamente para soportar lo que se vive dentro del penal y todo lo que la familia vive al estar su familiar privado de libertad, sino también para que juntos como familia puedan seguir adelante y entender que pueden salir de este problema y construir un vida mejor.
Este año la cosa funcionó así: Se recolectaron una cantidad impresionante de regalos, que fueron envueltos de la manera más bonita por voluntarios abnegados de la fundación, para ser entregados a los niños directamente de las manos de “Santa”. Además de ello se llevaron globos que iluminaban las pasarelas de tierras entre rejas y revisiones de Guardias Nacionales, caramelos que llenaban de dulce cada paladar infantil y además se les pintó las caritas a los niños a los que se iluminaban los colores al irse sonriendo con regalo y carta en mano.
Una vez que los voluntarios inflamos todas las bombas y entregamos todos los regalos, decidimos entrar al penal y conversar con los privados de libertad. Para mí que he sido voluntaria en muchas actividades parecidas a esta, la entrada al penal fue lo más impresionante y emocionante de todo. La imagen que se transmite es de desidia, aburrimiento y sobre todo hacinamiento.
No se como explicar las ganas de salir de ahí que tienen cada uno de los privados de libertad. Con todos los que hablamos nos decían lo mismo: “El retardo procesal es lo que nos tiene aquí”. Lo primero que se les puede venir a la cabeza es, claro, ellos tratan de echarle la culpa a otro de su situación ahí dentro, pero les digo que realmente la cosa no es sencilla. Todo absolutamente todo se paga dentro de la cárcel entre ellos mismos, aparte de la comida y las “comodidades”, se pagan los traslados a las audiencias, los favores de los guardias y demás atrocidades diarias.
Específicamente estuvimos conversando con unos muchachos trasladados del Rodeo, entre la situación de crisis vivida durante el año, y todavía después de seis meses a ninguno de ellos les ha llegado ninguna cita del tribunal, ni algún avance de su caso.
Ellos duermen, comen, comparten, leen, en el piso, algunos con colchonetas otros sin nada. Noté un ambiente tenso pero en calma, se llevan bien entre ellos o por lo menos eso fingieron frente a nosotros.
En fin, a pesar de la emoción que produce la cara del niño sonriente con regalo nuevo y saludando a su ídolo Santa, queda un trago amargo de saber que los padres y familiares de esas criaturas viven en una situación precaria sin esperanza alguna. Y lo peor de todo es que a pesar de todas las ganas de nosotros de ayudar, tenemos la manos atadas.
Si quieres colaborar con esta causa en lo que queda de las navidades, no dudes en contactar a la Fundación Dale la mano a tu par, por twitter @dmtupar, por email: dmtupar@gmail.com o a través del teléfono 0212 214 77 04.
Cristi: te felicito por esta iniciativa. Es importante que puedas escribir tus pensamientos y si tienes retro alimentación de otras personas mejor aun. Se el sacrificio que supuso para tí tomar un domingo de navidad para ir hasta esa cárcel y el temor a enfrentarte con ese mundo sórdido. Estoy segura de que todos, niños e internos apreciaron ese gesto solidario y generoso. Cuando pase el tiempo te darás cuenta de que estos gestos de generosidad y de entrega son los que recordarás con mayor emoción. Gracias por ser como eres...No decaigas en esa lucha y sigue adelante...tu orgullosa mamá...
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