El 2020 tuvo un impacto en todo el mundo, aunque muchos no lo quieran admitir, fue un año que generó cambios positivos o negativos en las personas. No pretendo hacer un recuento de lo que significó el brote de una pandemia que nos llevó a encierro indefinido en nuestras casas y que cambió nuestra vida como la conocíamos. Todavía mientras escribo esto no estoy segura si pronto vamos a volver a la normalidad, el aglomeramiento no será igual por un tiempo más y quién sabe si volveremos algún día con otro brote similar.
De lo que si quiero escribir es sobre el proceso de observar cómo estaba viviendo, las cosas que disfrutaba, cómo veía la vida, sobre aquello que consideraba importante y lo que no y sobretodo cómo soy cuando estoy feliz, como reacciono cuando me molesto, cuando me hieren, cuando tengo presión encima, etc.
Sin darme cuenta son reflexiones que hice durante el año 2020 descubriendo muchas cosas de mi, de las personas que más quiero y de todos los que me rodean. Aunque todavía siento que mi trabajo interno no ha terminado, por lo que no he logrado todo lo que he querido a pesar de si haber encontrado la explicación a muchas de las pequeñas y simples reacciones que tenía.
Por ejemplo aprendí a más nunca desconfiar de mi instinto, siempre he sido una persona intuitiva y unida a mi obsesión por analizarlo todo y tener todas las respuestas (y ayudar a los demás a conseguirlas), la intuición ha sido siempre algo que a lo largo del tiempo me ha recalcado que “tienes razón”. Yo no se si a todas las personas le pasa igual que a mi, pero cuando hay algo que me resuena, que me parece raro y que no tiene una explicación real, entonces me doy cuenta que es un engaño. Entonces no termino de confiar en mi instinto porque aunque pareciera que en el fondo de mi corazón yo se exactamente lo que es, no lo quiero admitir porque no tengo todas las cartas expuestas sobre la mesa completamente. De muchas experiencias se que hay personas que les cuesta verlo más que a mi, por eso en muchas ocasiones me tildan de exagerada, de desconfiada y hasta de pesimista. Sobretodo cuando son seres queridos me molesta cuando los están engañando o cuando les están haciendo daño y no se dan cuenta, es tan frustrante, pero hasta que no se pasa por una situación similar no entendí que a uno se le nubla la vista cuando se trata de nuestros sentimientos.
Otro de los aprendizajes que tuve en la pandemia es a ver las cosas desde una óptica diferente, a ser empáticos de verdad, entender sobre lo que pasan todas las personas con sus experiencias, sus miedos y sus aprendizajes y desde ahí he podido comenzar a reflexionar sobre lo que es importante para mi. Creo que una de las cosas más difíciles en el ser humano es comprender que todos tenemos formas diferentes de ver y hacer las cosas. Que viene forjado por nuestra crianza, nuestras experiencias, la gente que nos rodea, la crianza, las amistades, el colegio, un sin fin de cosas que no todos podemos entender. Por eso creo que una de mis reflexiones es darme cuenta de que soy y hago las cosas muy diferentes a todos los de mi alrededor y eso no está mal.
Habiendo hecho un gran trabajo interno desde el 2020 me he dado cuenta que una de las cosas más importantes que quiero que mis hijas tengan en su vida es felicidad, que aprendan que a cada uno de nosotros nos hace felices diferentes cosas y que ellas puedan ser capaces de descubrir lo que les hace felices a ellas sin importar lo que piensan a su alrededor, ni yo ni nadie. Descubrí también las cosas que me hacen feliz a mi y sobretodo descubrí que la forma en que actuaba en muchas ocasiones era por la infelicidad que no me daba cuenta que tenía.
Yo le agradezco al 2020 por darme la oportunidad de estar con mis hijas todos los días, aunque la mayoría habían peleas, discusiones, las clásicas amenazas y terminaban generalmente agotadores, agradezco que tuve el tiempo de estar con ellas sin ninguna otra exigencia y responsabilidad, conocerlas más y ver lo felices que son cuando tienen el cariño que necesitan.
Yo no se adonde va todo esto que estoy escribiendo, de repente a recordarles que las respuestas siempre las tenemos dentro de nosotros, que la intuición generalmente no falla, a que no generalicemos ni vivamos bajo la lupa siendo el abogado del diablo todo el tiempo, pero aprendamos a mirar el panorama completo y no hechos aislados. Aprendamos a reflexionar sobre nuestras reacciones y exigencias para tener una explicación certera de porque estamos reaccionando así y qué necesidades tenemos que estamos haciendo esa exigencia.
Nuestro corazón no miente, si hay una respuesta que consigues dentro del corazón y pareciera que no es verdad, entonces reflexiona sobre por qué tu corazón te lo dice y actúa en consecuencia de eso, no necesariamente en consecuencia de la verdad, porque la experiencia de un año como el 2020 me ha hecho entender también que hay que hacer lo que nos genera felicidad, tranquilidad y paz.
También quiero recordarles que siempre siempre acompañen a sus seres más queridos en su dolor, no importa si no tienes nada que decir o si no tienes la forma de resolverles, el simple acompañamiento ya significa el mundo cuando se está en dolor. El 2020 nos ha dado la lección más grande sobre el contacto humano y lo que significa estar lejos y sin contacto de las personas que más queremos, entonces, no desaprovechemos los momentos en que estemos juntos, agradezcamos por todas las personas que tenemos a nuestro alrededor y disfrutemos de ellos, que estoy seguro que a todos ese tiempo nos hace muy felices.
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