lunes, 15 de mayo de 2017

Caracas, 15 de mayo de 2017



Caracas, 15 de mayo de 2017




Estamos viviendo tiempos muy duros en Venezuela, salir a la calle se ha convertido en un verdadero acto de valentía. Ir a protestar requiere energía, coraje, aguante y voluntad, porque ver a los caídos pasar por tu lado es cada día más difícil, cada día son más y están más cerca. Pero ese sabor amargo que deja cada herido que sale a ser atendido se convierte en ánimo para seguir para combatir las injusticias. Sin embargo, no salir a protestar también requiere temple, paciencia y mucha entereza para trabajar estando pendiente de los tuyos y ver desde lejos los atropellos que se cometen.




Estamos viviendo tiempos de solidaridad, donde solamente se pregunta ¿Qué se necesita? Sin importar a quién va dirigido, donde cada uno da lo que tiene, ayuda como puede y da una mano desinteresada al que necesita. La solidaridad viene de entender que todos somos necesarios para sobrevivir y que todos en un momento vamos a necesitar del otro. 




Estamos viviendo tiempos de dolor, en los que duele estar y no estar, duelen los caídos, pero duelen más los injustos. Donde duelen los discursos, tanto como las palabras de apoyo, duele ver caerse a pedazos la ciudad, así como duelen las nuevas edificaciones de dinero robado. Duele tragarse las lágrimas pero también duele llorar. Duele entender lo que está pasando y duele no poder frenarlo. Duelen todos los caídos y duelen los que luchan. 




Toda esta angustia, este dolor que genera nuestros días eternos de lucha van a dejar una huella en nosotros para más nunca olvidar  a nuestros hermanos venezolanos, para más nunca crear una distancia y un límite entre nosotros mismos. Hemos entendido que las injusticias nunca serán justificadas y que solamente se tiene prosperidad trabajando dignamente. Tendremos tatuado en el alma los ánimos de cada uno de los luchadores que jamás se han cansado y la fortaleza de cada uno que ha sufrido.




Todo esto lo escribo porque quisiera decirle a mi hija, cada vez que salgo, que lo hago para dejarle sembrado el país de oportunidades que tuvieron mis padres, para que su inteligencia y su energía puedan ser bien utilizados en la construcción de un país de libertades y democracia. Porque me rehúso a que viva limitada, asustada y adolorida. Porque quiero que sus problemas no sean cómo conseguir medicinas, sino como crearlas. Quiero decirle que hice todo lo que estaba en mis manos por tener un mejor país, en dar lo mejor de mi y poder ser alguien del que ella esté orgullosa. 




Quiero que entienda que sin libertad no hay justicia y sin justicia no hay vida.

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